Inmediatamente supongo que es solo el miedo a la inestabilidad que da lo desconocido, a el "por venir"...entonces pienso en las cosas que me proyectaron a esta realidad. Trato de recordar intensamente los "sentimientos"que me llevaron a tomar las decisiones que pusieron mi culo en esta silla, en esta casa, en este exilio, con esta gente.
Y...más difícil todavía!, me imagino como viviría este "yo" acostumbrado (después de no poco esfuerzo) a otra realidad, nuevamente en el entorno que alguna vez le resulto tan hostil y asfixiante como para poner un océano de por medio...no es fácil ese ejercicio...
Uno en realidad extraña las cosas que no caben el las valijas, y esa es la cagada.
Cometemos el error de creer esa boludez de que cualquier tiempo pasado fue mejor.
Esto no va de lugares, esto va de individuos.
La pregunta que tendría que hacerme es...¿quien soy? en vez de.. ¿por que estoy?. Y solo si tengo clara la respuesta a esa pregunta podre...intuyo...plantearme el ¿Adonde voy?. Antes no...es al pedo.
Entonces cuando me releo y veo que me siento mal aún sabiendo las preguntas y las respuestas, me doy cuenta de que mi condición de pelotudo es mas poderosa que mi "guru" interior, me rio de mi un rato y me sorprendo a mi mismo, sentado frente a la ventana, mirando el sol en la arena de la montaña roja, la playa, tomando mate y escuchando como "amy" se niega rotundamente a la rehab por enésima vez, escribiendo en una pantalla de ordenador, lo mucho que extraño mis otras vidas, entonces me siento infeliz, solo, idiota, fuera de lugar...¡Otra vez!...y sé...estoy seguro...que extrañaré todo esto...todo... con todas mis fuerzas, igual que ahora otras cosas, cuando por fin me haya librado de ello.
Me perece...que nos cansamos de no saber quien somos!...no de donde estamos, o de lo que pasa al rededor y es agotador vivir la vida de un desconocido.
Florencio Maconha


2 comentarios:
Debe ser muuy difícil poner un océano que nos separe del lugar de nuestro nacimiento. Supongo,creo,ya que yo he vivido toda mi vida en la misma ciudad...
A veces ponemos océanos de distancia sin movernos del sitio, exiliandonos de nosotros mismos. El animo nos lleva de un lado a otro en un torbellino de melancolía y remedios contra esa maldita, hermosa melancolía que nos recuerda quienes fuimos y llueven gritos, locuras, hay riadas de arrepentimiento. Lo antes familiar se nubla haciendo de los días una noche sin final, nos enrola en un carguero oxidado que navega rumbo a áfrica con extraños compañeros de viaje por ese océano que se abre en el salón de casa y como Ferdinand descubrimos que las penas, alegrías y miserias son las mismas en todas partes.
No podemos escapar de nosotros mismos.
No se si esto que he escrito viene a cuento pero lo que he leído me recuerda que hoy quisiera estar lejos de mi.
Publicar un comentario